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30 Marzo 2010

Cada año al acercarse la semana mayor nos recuerda las creencias y tradiciones que nos han sido legadas como un recordatorio de lo que vivió el mesías, Jesús el Cristo.
Un sacrificio en beneficio de la humanidad. Sacrificio que implico la renuncia a todos los valores humanos, aquellos egoístas que solo observan su propio beneficio personal. La renuncia a las creencias de enfermedad, carencia, escases, menosprecio, racismo, incredulidad, soberbia, orgullo, falta de fe, entre otras.
Porqué para alcanzar la perfección espiritual, Jesús, quien nació humano y aprendió a través de las enseñanzas experimentadas desde su infancia, nunca permitió que se desviara la atención de su propósito de vida.
Un propósito fundamental sustentado en el de convertirse en un líder de amor, de paz de ejemplo por medio de sus actos y sacrificio para ser entendido y aplicado por la humanidad.
Dejo un legado que en la interpretación humana desdibujo el hermoso plano arquitectónico trazado como guía del crecimiento y evolución de la humanidad.
La mente del hombre que por temor no identifico y creo la separación del amor, entre el hombre y la mujer, haciendo a esta un instrumento de satisfacción. Dejándola en un papel de menor importancia y todo el legado de amor espiritual que correspondía a esta llevar por el mundo y darlo en ejemplo no se llevo a cabo.
Hemos visto que los ciclos por los que atraviesa desde entonces a la fecha el mundo se sustentan en la falta de amor, de comprensión, de entendimiento los cuales generan guerras, confrontaciones, desigualdad.
Es tiempo en que la mujer asuma la importancia de su rol en la evolución mental y espiritual, libre en su pensamiento y sentir para transmitir ese legado maternal, de cobijo, de entendimiento, de entrega y el hombre aprenda a recibir y sentir. Juntos en una misión de pareja perfecta, en donde la razón y la lógica, particularidades del hombre se unan al amor, sensibilidad y creatividad particularidades de la mujer, entre otras de ambos.
Al permitir que esta unidad perfecta se manifieste en cada uno de nosotros, es cuando descubriremos al ser maravilloso, magnánimo, especial hecho a imagen y semejanza divina que vive en nuestro interior.
Así que esta semana y todas las del año recuerda esto y busca seguir las enseñanzas del Cristo, aquellas que yacen escritas con letras de oro en nuestros corazones:
Amaos los unos a los otros, respeto absoluto a toda creación, servicio desinteresado, responsabilidad por nuestros actos, pensamientos, emociones y elección en el uso del lenguaje, dar lo mejor de nosotros, esperar solo lo mejor si pensamos solo lo mejor.
Recordar que contra el amor nada lo puede y que cada momento como somos es el mensaje que enviamos al universo y es lo mismo que atraemos a nuestra existencia.
Recuerda: el cambio viene desde adentro. José Karlos
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