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03 Agosto 2009
CIERTO TIPO DE PERSONALIDAD
ATRAE LA BUENA SUERTE
Cómo una persona animosa atrae la suerte hacia él de una forma inconsciente, nos es claramente mostrado por lo que le sucedió al gran locutor deportivo de los años 20, Graham McNamee. Era un tiempo en que la radio todavía no estaba en su apogeo, y McNamee era un joven y desconocido cantante sin trabajo. Un día recibió una citación para declarar ante el Tribunal de Justicia de Nueva York.
"Durante un descanso en la sesión observó que estaban poniendo un cartel al otro lado de la calle. Contenía cuatro letras sin significado alguno para él, nada más. Curioso fue y preguntó al obrero que estaba instalando el cartel y así se enteró de que se trataba de una emisora de radio. No sabía nada de radio pero se le ocurrió que tal vez tuviesen alguna ocupación para un cantante. Un momento después estaba en la pequeña oficina de la emisora, hablando con el director. La respuesta fue negativa. Aceptándola con naturalidad, McNamee aprovechó la ocasión para preguntar algunas cosas sobre la mecánica de aquel negocio. Ante esta muestra de genuino interés, el director lo miró de nuevo. Iba hacia la sala de control y le preguntó a McNamee si le gustaría verla.
"El ánimo en esta etapa, había lanzado una línea de suerte hacia un extraño y la corriente de buena suerte no tardaría en fluir. Tras enseñarle las instalaciones de la emisora, el director se percató de que McNamee tenía una voz bonita. En aquellos días necesitaban un nuevo locutor. Le preguntó si le importaba que le hicieran una prueba. Diez minutos más tarde la prueba estaba hecha. En diez más, McNamee había sido contratado y así es como comenzó una de las más notables carreras de la radio americana".
ACTITUD MENTAL POSITIVA
Hace años, Henry Ford decidió desarrollar el ahora célebre motor conocido como V-8. Quería construir un motor con los ocho cilindros fundidos en un solo bloque. Dio instrucciones a los ingenieros en el sentido de que proyectaran semejante motor. Los ingenieros afirmaron como un solo hombre que era de todo punto IMPOSIBLE fundir un bloque de motor de ocho cilindros en una sola pieza.
"Háganlo de todos modos", les dijo Ford.
"Pero es que no es posible", replicaron ellos.
"Pongan manos a la obra -les ordenó Ford- y sigan esforzándose hasta que lo consigan, no importa el tiempo que haga falta".
Los ingenieros pusieron manos a la obra. No tenían más remedio que hacerlo, si querían seguir perteneciendo al equipo de la Ford. Transcurrieron seis meses sin que lo lograran. Transcurrieron otros seis meses y tampoco lo consiguieron. Cuanto más lo intentaban, tanto más "imposible" parecía.
A finales de año, Ford se puso en contacto con sus ingenieros. Una vez más, éstos le informaron de que no habían sido capaces de cumplir sus órdenes.
"Sigan trabajando -les dijo Ford-. Lo quiero y lo tendré".
¿Y qué ocurrió?
Pues que, como es lógico, fabricar el motor no era imposible en absoluto. EL Ford V-8 se convirtió en el automóvil de éxito más espectacular en carretera, permitiendo a Henry Ford y a su empresa adelantarse a sus competidores más próximos, y éstos tardaron años en darles alcance. Ford utilizaba una ACTITUD MENTAL POSITIVA. Y esta misma capacidad la tiene usted a su disposición. Si la utiliza y vuelve el talismán por la cara adecuada, tal como hizo Henry Ford, podrá alcanzar también el éxito y convertir en realidad la posibilidad de lo improbable. Si sabe lo que quiere, podrá hallar el medio de conseguirlo.
ASAMBLEA EN LA CARPINTERÍA
Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.
El martillo ejerció la presidencia. Pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa?... ¡hacía demasiado ruido! Y además se pasaba el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsada la garlopa. ¿Por qué? Hacía todo su trabajo en la superficie. No tenía nunca profundidad en nada.
La garlopa aceptó a su vez, pero le pidió la expulsión del tornillo. Adujo que había que darles muchas vueltas para que al fin sirviera para algo.
Ante el ataque, el tornillo aceptó también. Pero a su vez pidió la expulsión del papel de lija. Hizo ver que era muy áspero en su trato y que siempre tenía fricciones con los demás.
Y el papel de lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro, que siempre se pasaba midiendo a los demás con su medida, como se fuera el único perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal y se fue al banco para iniciar su trabajo. Utilizó el martillo, la garlopa, el papel de lija el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: "Señores, ha quedado demostrado que tenemos muchos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos".
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, contundente, y la garlopa suave, eficaz. Se dieron cuenta de que el tornillo tenía habilidad para unir y dar fuerza; y el papel de lija era especial para afinar situaciones y limar asperezas. Y observaron que el metro era preciso y exacto.
Se sintieron entonces un equipo capaz de ayudar a producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas, y de poder trabajar juntos.
¿Ocurre lo mismo en los seres humanos? Observe a su alrededor y lo comprobará. Cuando en su empresa, o en un hogar, o en una iglesia, club o asociación, sus miembros gastan su tiempo buscando defectos en los demás, la situación se vuelve densa y negativa. Y amenaza a la larga con su disolución.
En cambio, cuando las energías son enfocadas positivamente a encontrar sus mejores valores individuales, cuando tratamos con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es ahí donde florecen los mejores logros humanos.
Y es que en verdad, nuestro aporte a cualquier grupo será en relación con nuestras cualidades. Y sus logros colectivos serán a pesar de nuestros defectos individuales.
Es más, muchos de esos defectos se minimizarán cuando se contrasten con las cualidades.
Esa es una buena razón para esforzarnos en encontrar cualidades en los demás.
Dale Carnegie advierte a este respecto: "Es fácil encontrar defectos, cualquier tonto puede hacerlo. Y la mayoría de ellos se empeña incesablemente en esto. Pero encontrar cualidades, eso es para los espíritus superiores que son capaces de inspirar todos los éxitos humanos".
No deje usted que le vayan a salir con que existe alguien que no tiene ninguna cualidad. Si esto ocurriera, el mal no estaría en la persona analizada, porque es imposible que un ser humano carezca irremisiblemente de valores, el problema será entonces, que quien niega ver cualidades se ha vuelto tan negativo que ya es incapaz de ver lo bueno en los demás.
¿Hará usted el esfuerzo mañana mismo por usar esta técnica de éxito?
¿CUAN PRÓSPEROS ERAN ELLOS?
En 1923, nueve de los más prósperos financistas se reunieron en el Hotel Edgewater de Chicago. Financieramente, ellos -en forma literal- "sostenían al mundo por la cola". Cualquier cosa que el dinero pudiera comprar estaba en sus manos -ellos eran ricos - ¡ricos! Lea sus nombres y la alta posición que tenían.
Charles Schwab, presidente de la compañía más grande de acero.
Samuel Insull, presidente de la compañía eléctrica más grande.
Howard Hopson, presidente de la compañía de gas más grande.
Arthur Cutten, el especulador más grande de trigo.
Richard Whitney, presidente de la asociación de corredores de bolsa.
Albert Fall, secretario del Interior en el gabinete del presidente Harding.
Jesse Livermore, el 'oso' más grande de Wall Street.
Ivar Kreuger, la cabeza del monopolio más grande del mundo.
León Fraser, presidente del Banco de Establecimiento Internacional (International Settlements).
Un grupo tremendamente impresionante -¿Cierto? ¿Desearía usted cambiar posiciones con uno de ellos? Antes de que decida, veamos el cuadro 25 años después -en 1948:
Charles Schwab fue forzado a la bancarrota y vivió los últimos cinco años antes de su muerte, con dinero prestado.
Samuel Insull no solamente murió en el extranjero, fugitivo de la justicia, sino que murió sin un centavo.
Howard Hopson era loco.
Arthur Cutten se volvió insolvente y murió en el extranjero.
Richard Whitney había sido liberado de la prisión de Sing Sing.
Albert Fall había sido perdonado de la prisión para poder morir en la casa -pobre.
Jesse Livermore se suicidó.
Ivar Kreuger tomó su propia vida.
León Fraser también se suicidó.
Ahora, ¿todavía está usted impresionado con este grupo? Una cantidad vasta de talento y potencial se perdió con estos hombres. ¿Qué pasó?
¡Sus vidas estaban fuera de balance!
LAS CARACTERÍSTICAS DE LAS PERSONAS “SÚPER-EXITOSAS”
Lo que parece llevar hacia el camino del éxito es una combinación de pensamiento positivo, adecuación a la realidad, habilidad para las relaciones y acción creativa, es decir, de diversos aspectos del pensamiento constructivo.
La demostración más evidente de los réditos concretos del pensamiento constructivo, es una investigación especial que llevé a cabo conjuntamente con la revista “PERSONAL SELLING POWER”. A raíz de la aparición de un artículo en THE NEW YORK TIMES que presentaba mi investigación sobre el pensamiento constructivo, me llovieron los llamados y las cartas pidiendo más información sobre el tema.
Uno de los llamados provenía de Gerhard Gschwandtner, editor de “PERSONAL SELLING POWER”, quien me propuso hacer un estudio del pensamiento constructivo de “súper-exitosos”.
Gschwandtner tenía contacto con alrededor de cincuenta personas que habían alcanzado algo extraordinario. Muchos eran multimillonarios de reputación nacional o internacional. No dudé en aceptar la oportunidad de descubrir en qué medida esos individuos, que habían logrado tanto éxito, eran eficientes “pensadores constructivos”, y si en su vida, en general, tenían tanto éxito como en el mundo de los negocios.
Comparamos a esos ‘súper-exitosos' con un grupo de doscientos ejecutivos de marketing y ventas, elegidos al azar entre los lectores de “PERSONAL SELLING POWER”. Llamaremos a ese grupo de comparación “ejecutivos promedio”, los que, sin embargo, a juzgar por sus ingresos, habían alcanzado logros bastante por encima del promedio general.
Los resultados de la investigación fueron sorprendentes. En todas nuestras mediciones, los “súper-exitosos” estaban en un nivel alto, en casi todos los casos más altos que el de los ejecutivos promedio. Todos eran millonarios, la mitad de ellos poseía un capital neto de más de cinco millones de dólares y un tercio de ellos ganaba más de un millón al año (el capital neto medio de un ejecutivo promedio es de 200.000 dólares y la mayoría tiene un ingreso anual de 40.000 a 80.000).
Los dos grupos trabajan con la misma intensidad, pero los ‘súper-exitosos' habían avanzado más rápidamente en sus carreras, disfrutaban más de su trabajo y estaban, por lo tanto, más satisfechos con sus logros. Parte de su éxito pareciera ser atribuirle a su mayor capacidad en el manejo de las relaciones humanas, en especial a su capacidad de percepción de las necesidades de la gente. El estudio mostró que aunque ambos grupos preferían una cooperación amistosa a la competencia agresiva, los “súper-exitosos” ejercían mayor influencia, eran más queridos y tenían mayor capacidad para captar la lealtad de quienes los rodeaban.
En el aspecto personal, ambos grupos ponían gran énfasis en la vida familiar, pero los “súper-exitosos” pasaban más tiempo con sus esposas e hijos y se sentían, en cierto grado, más satisfechos con su vida matrimonial, relación sexual, familia y vida social que el ejecutivo promedio.
Además, en general, poseían un nivel más alto de equilibrio emocional y salud física. También, sentían menos angustia y depresión y manejaban mejor sus enojos. Tenían menos problemas de insomnio y presentaban menos síntomas psicosomáticos, tales como cefaleas, dolor de estómago o dolores musculares. También se enfermaban menos y sufrían menos accidentes por negligencia.
En general, los “súper-exitosos” estaban más satisfechos con su salud que el ejecutivo promedio y con mayor frecuencia se sentían eufóricos, ‘dueños del mundo' y plenos de energía. Encontraban más sentido a la vida y sentían que estaban realizando su potencial y que hacían aportes importantes a la sociedad.
Dr. Seymour Epstein
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